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Día Mundial de la Salud: No hay salud sin la Madre Tierra

Mi nombre es Eliana Castro-Navarro. Soy profesional en Promoción de la Salud, graduada de la Universidad de Costa Rica, y actualmente soy trainee en Salud Planetaria en EcoCitizen.

Durante una visita de campo en la comunidad de Lagarto, en Buenos Aires de Puntarenas, Costa Rica, esta fotografía captura un momento de la vida cotidiana. En la imagen se observa a uno de los residentes locales: un perro muy cariñoso que se acercó a saludarme. Al fondo se observa una pequeña embarcación, principal medio de transporte que utilizan las personas de la comunidad para cruzar el río Térraba. Minutos después, las personas abordaron el bote y el perro se fue con ellos.

En este Día Mundial de la Salud, quise tomar un momento para reflexionar sobre una verdad profunda que a menudo pasa desapercibida: no hay salud sin un planeta sano. Cada año, esta fecha nos invita a reflexionar sobre lo que significa estar saludables. Hablamos de avances, nombramos desafíos, renovamos nuestro compromiso con la mejora de la calidad de vida.

Y, sin embargo, debajo de estas conversaciones, hay una pregunta que permanece en silencio, una que rara vez nos permitimos enfrentar por completo: ¿podemos realmente hablar de “salud” en un mundo donde los sistemas que sostinene la vida están bajo una presión sin precedentes?En un mundo que cambia rápidamente, replantear el bienestar ya no es opcional, es esencial.

Durante mucho tiempo, entendí la salud de la forma en que muchos de nosotros aprendimos a hacerlo: como una condición individual, algo que podía moldearse a través de la disciplina, decisiones informadas y acceso a la atención: “...comer bien, mover el cuerpo, descansar, manejar el estrés, buscar ayuda cuando sea necesario...”.

Todo esto sigue siendo importante. Y sin embargo, en algún momento, comencé a percibir que faltaba algo esencial.
La salud no comienza con el comportamiento individual, ni termina en los entornos clínicos. Está moldeada, profunda y continuamente, por los entornos que habitamos, los sistemas de los que dependemos y los límites ecológicos de los que formamos parte, lo reconozcamos... o no.

La ilusión de la salud individual

Vivimos en un momento en el que el bienestar se ha convertido en un proyecto personal. Se nos dice, de formas sutiles y explícitas, que la salud es algo que podemos optimizar. Que con suficiente conocimiento, esfuerzo e intención, podemos tomar control de ella.

Y, sin embargo, esta narrativa deja algo sin resolver.

¿Qué significa realmente “comer saludable” dentro de un sistema alimentario impulsado por la agricultura industrial, donde la “abundancia” nutricional coexiste con la degradación ecológica? ¿Qué significa hacer ejercicio en ciudades donde el aire que respiramos compromente nuestros pulmones? ¿Qué significa “manejar el estrés” en un mundo marcado por la incertidumbre, la guerra, la desigualdad y una creciente fragilidad ecológica?

Estas no son solo preguntas retóricas. Señalan una tensión más profunda.

Hemos aprendido a tratar la salud como una cuestión de estilo de vida, mientras ignoramos silenciosamente las condiciones que hacen posible una vida saludable.

Y, al hacerlo, colocamos sobre las personas un peso que nunca estuvieron destinadas a cargar solas.

¡No hay mejor forma de construir comunidad y salud que a través de la comida! En estas imágenes se muestra un desayuno tradicional costarricense: gallo pinto gallo pinto con plátanos maduros, huevo revuelto, queso maduro, chorizo, pan blanco tipo “baguette”, natilla “natilla”y bizcocho. Una parte de la comida fue preparada en fogón de leña “fogón”, y los plátanos y el bizcocho se encuentran envueltos en hojas de banano, una forma tradicional de transportar y preservar los alimentos.

La salud como resultado sistémico

Mi comprensión de la salud empezó a cambiar cuando dejé de verla como algo que hay que conseguir y empecé a entenderla como un producto social: el resultado de las condiciones en que vivimos, los sistemas que nos rodean y las decisiones colectivas que conforman nuestras realidades.

La salud no se produce de manera aislada. Surge de la interacción de los sistemas que nos rodean y nos sostienen: el aire que respiramos, los alimentos que consumimos, los lugares donde vivimos, las políticas que configuran nuestras realidades y los ecosistemas que sostienen la vida de maneras que a menudo damos por sentado 

Los sistemas de salud importan; son esenciales. Pero nos encuentran en un punto donde muchas de las condiciones que afectan nuestra salud ya han sido puestas en marcha, a veces años o incluso generaciones antes. 

La salud no se mantiene en los hospitales; se cultiva en los suelos, en las ciudades, en las políticas, en las culturas... en los espacios cotidianos donde la vida ocurre. 

Ver la salud de esta manera cambia algo fundamental. Amplía la responsabilidad, pero también abre las posibilidades. 

Una perspectiva planetaria

Es desde este lugar que la idea de la salud planetaria comienza a resonar más profundamente en mí.

En esencia, es un reconocimiento simple: la salud humana no puede separarse de la salud de la Madre Tierra.

La estabilidad del clima, la integridad de los ecosistemas y la riqueza de la biodiversidad no son preocupaciones ambientales distantes. Son la base misma sobre la que se sostiene nuestro bienestar.

Cuando estos sistemas comienzan a deteriorarse, lo sentimos. No siempre de inmediato, no siempre de formas fáciles de rastrear, pero inevitablemente: en los patrones de enfermedad que cambian, en la inseguridad de los alimentos de los que dependemos, en la creciente exposición a riesgos ambientales que ya no podemos ignorar.

Aquí hay una verdad silenciosa pero innegable:

No podemos promover la salud en entornos que sistemáticamente la socavan.

¡Fruta fresca, recién bajada del árbol! Estas imágenes, de izquierda a derecha, muestran yuplones (Spondias dulcis), cacao (Theobroma cacao), y mamón chino o rambután (Nephelium lappaceum), un pedacito de la tierra y las tradiciones de Costa Rica, donde la comida se comparte directamente de la naturaleza.

Repensar la salud, reimaginar la responsabilidad

El Día Mundial de la Salud, para mí, ya no es solo un momento para celebrar avances. Es una invitación a replantear lo que entendemos por salud. 

La salud no se trata únicamente de optimizar al individuo. Se trata de aprender a vivir dentro de los sistemas que nos sostienen y de cuidarlos a cambio. 

Promover la salud hoy implica involucrarnos con las condiciones más amplias que hacen posible la vida. Implica reconocer que el bienestar no es algo que podamos aislar del mundo que nos rodea. 

No hay salud sin la Madre Tierra. 

Y quizás, el paso más significativo hacia adelante no sea solo mejorar la salud dentro de las deficiones que hemos heredado, sino redefinirla con sensibilidad y valentía. 

Entender la salud no como un estado fijo, sino como una relación: interconectada, interpedendiente y profundamente frágil. Una relación que exige cuidado, no solo hacia nosotros mismo, sino también hacia los sistemas que nos sostienen a todos.

Autor

Eliana Castro-Navarro

Eliana Castro-Navarro

Aprendiz de Salud Planetaria

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